Resulta difícil no quedar atrapado por alguno de los cuentos de este volumen. Su carácter ameno nos recuerda esa coloquialidad que tuvo algún tiempo el cuento en el boom. El narrador se vuelve uno con el lector, a tal punto que pareciera que se nos presenta fuera del libro y nos refiere sus relatos como en una ronda de amigos, sin tecnicismos, sin palabras rebuscadas, con un estilo simple y ameno. Pero esta amenidad no significa en ningún momento que los cuentos presentes en Los incómodos sean ajenos a una profundidad literaria. Todo lo contrario. Esta amenidad hace ver esta profundidad de una manera mucho más certera. Existe en los personajes de estos cuentos una duda existencial, profunda, que evoca a los personajes casaccianos y que movidos por esa duda deciden darle un cambio profundo a su existencia, tan profundo que dicho cambio trae a veces consecuencias irremediables.

El orden de los cuentos está en un estricto orden de tensión, casi musical, como si el narrador jugara con nuestras emociones y cual si fuera una orquesta emerge de un pianissimo para con la ayuda de un ingenioso crescendo  llegar a su máximo potencial con Mansaladra, el último cuento del volumen,

Quizás el cuento mejor logrado de la colección sea Roleros, cuento que nos hace reflexionar, más que en los otros relatos de aquella delgada línea que existe entre la realidad y la ficción. Quizás la realidad es un monstruo que dilapida nuestras vidas, reza una de las frases finales del cuento, a manera de hacer más evidente esa crisis entre los “dos mundos”.

Tanto por la manera en que lo dice y por como lo dice, Cave Ogdon se hace dueño de una voz con un profundo aliento de renovación con una literatura fresca y nueva que busca a gritos posicionarse en un lugar en la literatura paraguaya.

Leer Los incómodos es ver un cristal de la sociedad con diversas caras, cada una de un aspecto diferente de la sociedad, pero todas con un lenguaje renovado, ameno y sumamente moderno. Será responsabilidad tanto de Ogdon de mantener este estilo renovado y no ser consumido por las “momias literarias” como se menciona en uno de los cuentos, pero también es responsabilidad de nosotros los lectores darle la importancia que se merece a esta incipiente voz literaria.

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